Que sea lo que sea pero que este año no me toque esa vaina.
Los trasteos tienen de bueno la novedad y la expectativa; y tienen de malo todo lo demás. Cerrar un capítulo y abrir otro es un cambio que siempre viene bien al espíritu arrunchado y al cerebro en modo automático.
Yo creo que los primeros trasteos de los que tengo memoria fueron hace ya muchos años cuando abandoné el pupitre del salón de segundo elemental y me tocó meter los nuevos enseres académicos en el pupitre del siguiente nivel. Y uno cree que porque solo hay que sacar libros y útiles de un cajón eso no se toma como trasteo y resulta que es toda una mudanza. Yo todavía me acuerdo de la cantidad de mugre de la que es capaz un chino de 8 años en lo corrido de un año.
Los trasteos nos sirven precisamente para que uno se acuerde de la cantidad de pendejadas y de mugre de que es capaz de acumular por motivos que ni uno entiende (que tal que uno hiciera una mudanza mental o fuera posible trastear las penas del alma) ; yo diría que uno guarda mugre pensando en que se puede necesitar de pronto; algún día, uno nunca sabe, es mejor guardar por si acaso. Uno guarda mugre por respeto al recuerdo y nunca piensa que los recuerdos que valen la pena muy rara vez dejan cosas a las que uno después les dice mugre.
El mugre además se nos va filtrando calladito por las rendijas de la casa y se acomoda en los cajones, closets, carpetas, archivos, gavetas y talegos. Uno acumula vainas que a la hora de la verdad no necesita, por ejemplo a mi me encantan los forros de plástico donde vienen las sábanas nuevas, los talegos enormes donde cabe casi que la nevera y le recibo los libros viejos a todo el que los quiera desechar. Hasta el día de hoy conservo libros como “terapia del comportamiento”, y “manual de terapia racional emotiva” y yo se que esa vaina no se va a leer jamás, pero por ahí andan porque me parece muy triste deshacerse de los libros. Como gran cosa boté unos tres o cuatro títulos que ya me daba pena tener. Especialmente uno que enseñaba técnicas para ser mañoso y no dejarse intimidar de la gente y tenía en la portada una tortuga con gafas oscuras.
Sacar al mugre es más difícil que sacar los muebles. Y odio al mugre porque siempre me toca revisarlo y siempre me deja aplastada en algún rincón frío durante horas, clasificándolo a ver si se guarda por si acaso.
En la casa de uno se amaña de todo. Un recibo de la panadería de unos tamales que se compraron el año pasado, un radio chiquito con logotipo de empresa, un pisa papel con logotipo de empresa, tres cachuchas nuevas con logotipo de empresa, un kit de algo, un papel de dulce de una salida a comer, un palito para revolver trago, un portavaso de cartón, un almanaque Bristol de hace tres años, una tarjeta para regalo que dice De: la abuela Para: El rey de reyes. Un dulce usado debajo de la lavadora y a la fija que una mona de chocolatina jet. Esas siempre se aparecen.
Pero lo mas cafre del asunto es que uno se queda pensando a ver a quien se le podría endosar el minúsculo radio con logotipo de empresa, por lo que da pesar botarlo. Y los únicos que reciben cualquier cosa, incluyendo todas las modalidades del mugre son los niños, que le encuentran utilidad a cuanta porquería de color y forma curiosa se asome en la caneca de la basura. A los chinos les fascina guardar las cosas más impensables. El problema es que guando llega la hora del trasteo, toca llevarse al niño (a) con sus cutes, y deshacerse de todas las barbaridades que acumula junto a los juguetes y la ropa. Donde uno pretenda botar un palo de colombina en el momento inoportuno, que problema ave María…ese palo viene siendo el poste estrella de alguna calle que improvisaron al pie de la cama.
El primer trasteo serio que se hizo bajo mi supervisión fue cuando me casé y mi nueva residencia quedaba en el edificio de al lado. Hice varios viajes valiéndome de un carrito para echar mercado que la administración del edificio les proporcionaba a los propietarios. Y ahí, entre otras cosas eche mi basura, esa que acomodé en el depósito y al año siguiente desplacé a otro depósito en otro edificio y luego a otro y cuando por fin entendí que ya carecía de utilidad, deseché haciendo de los próximos dos metros a mi alrededor un cochambre insoportable. Con todo, fue más bien fácil porque yo solo tenía ropa, libros, y mugre.
Pero los últimos cuatro cambios de residencia han sido otra cosa. Uno siempre dice que para que guardar tanta basura, entonces se arma de los talegos mas salvajes que haya a la mano, de esos grandes que harían detener el paso a mi abuela para decir, presa de una salvaje maravilla “que belleeeeza de talego!”. Mi abuela colecciona bellezas de talegos; de ahí heredé el don, y son la verraquera para botar basura y también para guardarla.
La última vez me salieron tantas bellezas de esas, llenas de basura que ya ni me acuerdo cuantas bolsas serian. Y empaqué otro poco de vainas que traje a mi actual residencia que ya no se sabe donde es que se van a guardar. Pero uno siempre hace cara de nostalgia diciendo para si “eso mas adelantico sirve”. Y mas adelantico sin necesidad de trasteo es que vuelve el desfile de los talegos.
Porque será que nos gusta tanto guardar mugre? Esta me resulta una pregunta de alto calibre filosófico. Fuera que uno solo guardara las tarjetas navideñas de hace quince años (por respeto al recuerdo, por honrar la amistad), o las boletas de un concierto en el Campin, pero no…la verdad es que uno es capaz de guardar lo insospechado. Las monas de Jet que me encontraba ya ni siquiera estaban vigentes. El dibujo estaba mal hecho, completamente desmentido por la ciencia.
Y claro, también toca armar y desarmar las cajas que contienen lo que no es basura. Que jartera, ala. Eso es más aburrido que una semana sin carne. Y a mi me la ha ganado tanto el habito de guardar basura que hasta me armé de una caja con color especial y puse dentro mi apreciado mugre. Hasta le puse mi nombre para que no me la fueran a refundir ni de vainas. Ahí yacía entre otras cosas una prescripción medica que ya no aplica pero la tengo por si acaso estoy confundida y si aplica. Que verraquera ah?
A veces digo y me digo a mi misma cuan bueno fuera dejar de preocuparse por el mugre y otras cosas de sobra. Que verraquera que uno pudiera raparse la cabeza y no preocuparse más por un pelo saludable y chévere, que verraquera tener dentro del closet tres túnicas de lino delgado y manga corta para cuando hace ese calor de Agosto que hace ver fresco a Neiva; y otras tres de un textil pesado como un buen telar para cuando el frío se da garra; que verraquera vivir en un espacio razonable con las cosas necesarias y que maravilla fuera emplear el tiempo haciendo exactamente lo que a uno le gusta y sabe hacer bien, sin estar pensando que tanta rentabilidad implique; sin estarse aculillando ante el riesgo de perder, que a la larga siempre es ganar.
Que bueno fuera tener cerca dos o tres personas de virtuosa calaña humana con quien tener a menudo una nutrida conversación y que rico que nos bastara la buena música, los buenos libros, las buenas películas, lo natural de la tierra multicolor que todavía se resiste a una extinción lenta y dolorosa; la comida que es tan infalible terapia para el mal ánimo, y las buenas personas, por supuesto. Pero ya ni eso, porque las buenas personas no se valoran. Valen más los buenos contactos.
Y mientras tanto nos seguimos llenando de pendejadas y de mugre.
(*) Dicese de una frase memorable que se encuentra en la publicacion de Junio 2 de 2008
Personas, situaciones, y otros asuntos varios que nos pueden complicar la vida más de la cuenta por no tomar medidas de precaución.
El estrés
Que mas podría añadirse?
El fanático (del subtipo religioso en particular, que es una delicia)
A mi me parece que la gente con frecuencia confunde el termino fe con religión. Yo estoy completamente de acuerdo en que la religión ha sido uno de los grandes opiáceos de la historia, sencillamente porque todas las religiones son entre una cantidad de vainas, paupérrimos inventos de la humanidad y mejor dicho un peligro que por ejemplo podría llamarse Sarah Palin, ex candidata a la vicepresidencia de un país que se supone es el mas poderoso del mundo, y quien se echaba unos discursos que mas vale Cantinflas porque solo a ella se le ocurre en medio de la pueril oratoria pedir oración para que se pueda dar cumplimiento al plan que el dios de ella tenía de construir un oleoducto que dejaría millonarios dividendos. Un plan que se le reveló a ella para seguir alcahueteándole a los gringos la doble moral y el insaciable deseo de exprimir al resto. Y hay idiotas que creen que porque Palin dice cosas así entonces ahí está pintado Dios que permanece quietico ante tanta corrupción y porquería.
En fin…La religión y la fe son dos cosas completamente distintas, y a la fe es mejor dejarla quieta por ahora porque eso no tiene nada de problema y si mas bien de solución.
La religión, o mejor, el religioso es un personaje que carga a cuestas un virus letal que siempre agarra a los espíritus simples y a las mentes cortas, es decir, a la gruesa mayoría. Pero el problema de la religión no es que tenga tanto adepto, sino que en medio de esa gran masa practicante de instituciones y sacramentos inventados por una parranda de avivatos, se levante como un monumento a la estupidez humana el aporte de los fanáticos. El fanático es un personaje que sin darse cuenta traspasó el sutil límite que separa al religioso que se complica la vida, del religioso que le complica y le jode la vida a los demás. Para ser un fanático no es necesario encaramarse a un bus con una bomba al cinto o estampillarle la aeronave que uno lleva al volante a un edificio importante. No es necesario brincar con los brazos en alto o creer que las minifaldas son inspiración del demonio. No es necesario que uno bote por el sifón una cantidad de litros de vino kosher metidos en su barril de madera porque un pobre pendejo contumaz e impuro se recostó contra el verraco tonel.
A mi me parece que el fanático religioso se deja conocer en detalles. Yo no puedo hablar con propiedad de fanáticos musulmanes, budistas, judíos o hinduistas porque no he tenido el gustazo. Pero si he tenido otros gustazos y unas cuantas perlas memorables que atesora mi banco de datos.
Además de todas las pendejadas que hice cuando aspiraba al nirvana y al plano radiante, y cuando mi sueño era el amangualamiento con la sociedad extraterrestre del comandante Soltec, asuntos que terminaron siendo un compendio de ritos esclavizantes y frustraciones interminables; figura la lista de iglesias cristianas por donde pasé: ya se cuentan 4 (y no estoy echando al agua a todo el que va a estas congregaciones. Al contrario, de ahi es de donde sale el material que mas sirve, lastima que sea escaso).
En su mayoría las iglesias cristianas no son otra cosa que una industria y un asco porque de cristianas no tienen nada y a la hora de la verdad las culpo a medias porque es que la doctrina cristiana es una filosofía muy sencilla en teoría y extremadamente compleja en la práctica. Requiere entendimiento y alta inteligencia y para coronar esa virtud sin que uno se crea con derecho de mandar callar al resto, primero toca aprobar un curso extenso y riguroso que se llama “barriendo y trapeando el piso con su ego e ineptitud.” Lo común es que la gente y las iglesias no le jalan a esa vaina sino que se antojan de las muchas cosas que “garantizan” seguridad y bienestar. No cualquiera esta dispuesto a renunciar a las demasiadas vainas que le interesan, sobretodo el control. El siguiente paso es mamarle gallo al curso intensivo, después torcer las verdades y acomodarlas sin olvidar que se es todo un cristiano respetable y por eso es que sin darse cuenta todos empiezan a compartir esa identidad religiosa, colectiva y nauseabunda de persona buenecita, tradicional, que jamás suelta una grosería sino que habla bonito, que solo se tira peos en el baño, que devora Biblia y hace oraciones largas; y hasta gusta de hacer aspavientos y hacer bailaditos como el de Mick Jagger cuando llega el domingo a adorar en su iglesia a ritmo de batucadas. El perfecto ejemplo de una masa inepta.
Para quienes creen en Dios, el punto es muy sencillo: El artista forma criaturas concretas de materiales, peso y formas variadas y también se solla pintando galaxias y nebulosas a punta de gases y rocas, una obra abstracta y exquisita mas allá de cualquier entendimiento, azar y evolución. Nos presta números y ecuaciones para poder medio entender alguito. Eso se llama derechos de autor, lo cual es mas conocido como ciencia, que es una maravilla pero a veces se le va la mano teniendo fe en cosas imbéciles e irrealizables. Esto no lo entiende ni el escéptico ni el fanático que son los que siempre se tiran todo y hablan más pendejadas de la cuenta (incluso mas que yo).
Entonces, tenemos que si Dios existe y no le gusta repetir patrones, entonces detesta las masas y a los burros que marchan en ellas (Especialmente al líder cuadrúpedo.) Y por ahí mismo, si asumimos que Dios existe y eso le confiere inteligencia, nunca se le ocurriría prestarse para sustentar a una cantidad de religiones que alimentan entre todas, la creencia de que “todos los caminos llevan a Roma” predicando una cantidad de versiones de la verdad, simplemente porque cuando la verdad tiene muchas versiones se llaman mentiras.
Eso es más o menos como si vienen cinco personas a dar testimonio de mí . Cuatro hablan carreta y solo l a que me conoce dirá con autoridad que odio los tamales, que Juanes me tiene mamada y me sabe a cacho, que me tomo seis pocillos de tinto diarios, que me gusta leer realismo mágico, que le huyo a la gente y en especial a los grupos de viejas.
Eso tampoco lo ven los fanáticos. En conclusión: No hay sino una versión de Dios y de lo que le gusta y le saca la piedra. Y no le gustan los fanáticos porque son un peligro y hacen que la gente corra despavorida a confiar en su propio esfuerzo y terminar fracasando en el intento. Y como si fuera poco, a menudo conforman esa masa gringa, siempre republicana, que cree en la noble causa de la guerrita que armó la lumbrera del Bush. Tragan entero y no sopesan nada. Es que donde abunda la ignorancia abunda el fanatismo. Dejo las perlas para la próxima porque se prorroga esta vaina.
“El azar no existe, Dios no juega a los dados.”
Albert Einstein
( Por si acaso, la personalidad mas influyente del siglo XX. Un siglo más tarde y con el patrocinio de varios super-computadores se confirma la veracidad de la teoría de la relatividad. Pero hay quienes se creen más inteligentes y se declaran ateos. A propósito, esta otra bestia llamada Isaac Newton, padre del cálculo diferencial dijo alguna vez: El ateismo es tan sin sentido y tan odioso a la humanidad que nunca ha tenido muchos profesores.)
El peluquero
Yo ya tomé la decisión irrevocable de no volver a cortarme el pelo salvo que me agarre un arrebato de refinamiento y me encomiende en las manos de un experto de esos que cobra duro. Yo me hago una colita de caballo y paso la tijera por detrás para mantener las puntas sanas y listo, se acabó, deje asi.
Tenga cuidado cuando le de por hacer cambios porque siempre se corre con el riesgo de salir bravo y durar mal encarado por un buen tiempo. A mi me ha costado mas de un año dejarme crecer el pelo que un tarado con mala mano me achiló.
Me aseguró que me haría el corte mas indicado para un mechero como el mío, que es abundante, complicado, voluminoso, reseco como cabuya y delgadísimo como el de un niño. Los peluqueros nunca hacen caso. Uno les dice que solo corten un centimetro de largo y donde uno se descuide o se dedique a mirar revistas, el pendejo va llegando facilito a la nuca. Casi me devuelve a mis tiempos de Piero en la sinfonía inconclusa en la mar, y casi me devuelvo a matarlo. Me ha tocado meterle cualquier cantidad de temperatura alta al pelo para estirarlo, darle longitud y dignidad a un peinado que me hacía ver como un paje renacentista. Que boleta.
Yo creo que al grueso de mis allegados los he visto bravos, requete llevados de la piedra por culpa de un mal estilista. Como se me va a olvidar? A veces porque los dejan como un lápiz (porque decirle a un mal peluquero que uno quiere que le corten medio centimetro para darle forma al corte habitual, termina con frecuencia en un episodio de ira e intenso dolor) Otras veces porque queremos que nos dejen lindas y primorosas y bien peinaditas y nos dejan con ese pelo como para barrer el piso.
La unica vez que yo le he hallado la razón a un peluquero es cuando la peluca del cliente es del tipo impredecible y desagradecido. Por ejemplo una querida amiga mía que le sacaba la piedra al peluquero porque tenía y tiene pelo por dos cabezas. Cuando tocaba evento formal se brindaba exclusiva atención a la monumental melena con casi cuatro horas de anticipación. Una vez el peluquero terminó de elaborarle una moña que la acreditaba como presentable y linda para una de nuestras guachafitas nocturnas y el tipo terminó el peinado y todavía quedaba la mitad del pelo sin rumbo. Se dio maña y finalmente completó la misión de acomodar todo el pelo arriba, en la tal moña que por su propio peso se vino abajo después de que esta emperatriz del azote ya se había bailado toda cumbiamba y se había bebido varios palos. Menos mal no le importó cuando un amigo le dijo “qué fue esa arepa que a usted le hicieron en esa cabeza?!”
Que belleza…los peluqueros, embajadores de la estética y del arte del acicalamiento nos adornan como les da la gana pero nos despelucan la honorabilidad en cuestión de media hora. Son un peligro. Algunos defienden el derecho a ejercer el don creativo y entonces agarran la peluca de uno y le dan como a violín prestado. Hacen disparates, dejan mechoncitos coquetos que no vienen al caso, disparan laca hasta que la cabeza queda tan pesada que uno se para de la silla y siente que se cae despacito para atrás, a veces cobran caro por cometer un crimen. Pretenden hacer mechones rubios y dejan la cabeza verde porque amanecieron con el mico al hombro. Sin clemencia alguna ni código ético que les frene la pasión por la tijera y la improvisación le pintan el pelo de rojo candela a unas señoras que uno de verlas piensa en algún santuario de fauna por allá lejos donde la amazonía de tupe y se complica.
Solo una vez en la vida sentí vergüenza de salir a la calle con un hombre. El que era mi novio llegó de un coctel de trabajo (que audacia, hijuemadre) a recogerme con una cara que estaba que mataba y comía del muerto. La idea había sido pasar a peluquearse, hacer acto de presencia y mas tarde recoger a esta princesa para asistir a otra guachafita de esas. Cuando lo vi se me juntaron una cantidad de vainas en el estomago. Yo se que se me abrieron los ojos, se me insinuó una sonrisa, el hombre me miró que me quería borrar…me llevé una mano a la boca y me subí al carro mirándolo con una mezcla de parálisis de ideas, una compasión desbordada y una vergüenza que ya rayaba en miedo. Me dijo “vamos?”. Le dije “No mi amorcito…camine para la casa y hacemos algo” (en este punto yo ya iba reventada de la risa y por poco me dejan tirada en la calle). Lo senté en el inodoro con la tapa abajo, me apropié de las tijeras y eliminé con relativos buenos resultados una totuma ondulada que lo horrorizaba a uno desde la parte trasera de la cabeza; la delantera tenía un largo del pelo mucho mas corto.Señoras y señores casi me terminan con patada y todo por culpa de un peluquero. Es que son peligrosos!
Entonces, nunca le de por ahorrar cuando quiera hacer cambios o verse primoroso(a). Pague caro donde se sabe que hacen las vainas con todo el profesionalismo del caso. Las que se vayan a casar, que no se les ocurra escatimar un solo peso porque les juro que se van a arrepentir, uno dura arrepentido toda la vida y lamentablemente las preciadas fotos también duran toda la vida.
Pero hay consuelo. Muchas grandes personalidades jamás podrán borrar de la historia (que el resto accedemos) las evidencias del síndrome de la tijera demente. Anexo una muestra de las atrocidades de que son capaces los peluqueros…y si, a menudo con el consentimiento del cliente, pero yo no me explico como es que estos señores se dejaron fotografiar en estas circunstancias. Nadie se las montó, se las monta o se las montará simplemente porque un gran talento hace que un mal corte no haga mella, pero a la fija que conocen el sinsabor de esa vergüenza.
“Algunos de los peores errores de mi vida han sido cortes de pelo”
Jim Morrison
(y eso que no encontré la foto de la deshonra)
Ian Paice de Deep Purple / Bob Dylan
Tomy Iommy de Black Sabbath / Joey Ramone
Geedy Lee, la voz magistral de Rush. Pero cualquiera creeria que este señor tiene un pasdo judicial dudoso
Freddie Mercury, matador.
Gene Simmons, mas monstruoso que cuando se le ve encarnar a "Demon"
Simon y Garfunkel. Es como ver a Enrique y Beto, de Plaza Sésamo.
Lennon, con menos dignidad que cuando se le vió por primera vez con Yoko Ono.
Benni Andersson, integrante del grupo Abba. Tocaba tambien echar al agua al diseñador que lo terminó de matar con ese disfraz del Capitán Centella o la Mujer Maravilla. Los niños de Menudo se quedaron cortos...
David Bowie sin palabras, sin verguenza, sin pantalones...
Se quedaron por fuera los afros de Prince y Bob Marley. Verdadero consuelo, pero es que ya me cansé de subir fotos.
El psicólogo (O la psicóloga)
Si hay una lección de vida que me ha quedado clara en el transcurso de los años es que al común de la gente le falta mas de una tuerca, es decir que los cuerdos son poquitos. Y como la vida está hecha de ironías resulta ser que a menudo la gente más disfuncional son los psicólogos, esos personajes que supuestamente saben como destorcerle el razonamiento y el caminado a uno. Para empezar, (y me demoro porque hay mucho veneno de por medio, así es que si le da pereza leer largo ábrase del parche) las facultades de psicología están llenas de viejas: Eso ya es un problema (y un peligro) que dura la medio pendejada de cinco años, y que acapara desde la compañerita que mira mal porque uno es menos feo o menos bruto, pasando por la profesora mala clase hasta la decana incompetente. Se cree que a las facultades de psicología le abundan las viejas lindas, y eso tiene mucho de cierto pero muchas de estas lindas y otras tantas feas escogieron esta carrera dizque porque no tiene matemáticas y porque otrora eran buenas aconsejando a las amigas. Eso también es un peligro.
A la mayoría de las viejas les gusta hablar más de la cuenta, opinar más de lo necesario, pensar más pendejadas de lo normal y estar pendientes de asuntos ajenos; por eso me atrevo a hipotetizar que les fascina ejercer carreras así, llenas de roce social, preguntas, datos insólitos, consejos, sugerencias, abrazos, mocos, lágrimas, tinto y velitas.
Yo no voy a negar que como vieja que soy tengo mis pendejadas que de hecho aborrezco porque me parecen complicaciones imbéciles que enredan la vida cuando mas necesito que ésta sea simple, pero que con toda humildad, se que no alcanzan los picos absurdos del común de mis congéneres a quienes quisiera despelucar con frecuencia.
Y como dicen por ahí que al que no quiere caldo se le dan dos tazas, pues a mi me tocó jartarme tres y de a cucharaditas. Me gradué de una facultad infestada de mujeres complicadas y conflictivas; con uno que otro hombre a bordo que a menudo era vago. Y como siempre, esto no lo digo con ánimo de generalizar porque si no fuera por las excepciones yo habría sacado la mano rapidito.De modo que los buenos momentos que le debo a unos pocos y pocas ahí están imperecederos a pesar del tiempo y la circunstancia.
Mis compañeras eran de las que llegaban muy tiesas y muy majas los viernes y el sábado por la mañana llegaban a clase de estadística horrorosas, en sudadera, sin maquillaje y además tarde. Rara vez dieron un aporte interesante en clase, llenaron sus cuadernitos de espirales de colores y portadas de Winnie Pooh con apuntes impecables cuyo contenido era irrelevante en un 70%. Hicieron resúmenes interminables e inútiles para los parciales (además de los apuntes y fotocopias), armaron grupos inverosímiles para preparar una exposición (uno creería que con la repartición del tema y una breve junta de cinco minutos era suficiente, pero para estas damitas, como le parece que no!) Y se ponían furiosas si uno no estaba de acuerdo con perder el tiempo con ellas porque era mejor ir a cine con el novio que terminaba por ser el terapeuta y paño de lagrimas de uno.Mi vida social era un desastre, y en aquel entonces la vida social pesaba aunque ahora valga tres tiras de cotopla. Lo cierto es que quise botarme por una ventana más de una vez. Que peligro.
Pero bueno, siendo mas gráfica es bueno anotar que estudié con personajes como los siguientes, quienes mas tarde ejercieron una de las carreras que mas ética, equilibrio y responsabilidad requieren para un ejercicio competente y eficaz:
Una vieja que decía que en Colombia la gente era fea, que la única población inteligente era judía, y que a los cristianos subversivos estrato sub cero como yo, deberían matarlos.
Otra vieja que tras relatar en clase de psicología organizacional (empresas) que a un primo lo habían secuestrado, se puso a llorar y dijo “es que todos somos Colombia!”
Alguien por ahí que se ponía brava conmigo porque yo no llegaba 8 días antes de empezar semestre a verificar que mis créditos estuvieran en orden y porque en vez de gastarme la plata en fotocopias me la gastaba en comida.
Otra vieja que hablaba hasta por los codos y decía que le gustaban los hombres bien calladitos y que cuando estaba embarazada le daba antojo de comer jabón. Me tocó hacer una exposición con este Némesis a quien se le ocurrió que deberíamos hacer escarapelas con forma de corazón para los 20 de la clase, por lo que el tema que nos tocaba era el de terapia de pareja.
Una señorita que había sido diagnosticada con una forma de neurosis que se manifestaba en desmayos cada vez que quería manipular.
Un caballero que cuando exponía gritaba el contenido y cambiaba de estilo y de enfoque cada vez que cambiaba de semestre (empezó en conductismo radical y en octavo ya se había declarado psicoanalista)
Una vieja pendeja a la que le tengo mucho cariño, que me hacia reír porque me sugería que compráramos brownies y nos fuéramos bien lejos a comérnoslos donde no pudieran gorriarnos. Tenía problemas de visión y confundía la caneca de la basura con el recipiente de la ropa limpia. En un simulacro de entrevista en que el profesor (paciente) simuló un caso de dismorfopsia (una distorsión visual en que la persona ve alterada la imagen real de un objeto) afirmando que tenía la nariz demasiado grande; esta dama (terapeuta) en vez de sondear el trasfondo del problema le pregunto al loco si no había pensado en operarse.
Además de los casos de alcoholismo intrafamiliar que algunos apreciados borrachos dejaron conocer, pero eso no es pa penas, se les entiende porque después de todo yo también cargo con mis porquerías, que le ve? Lo importante es que mas vale un terapeuta con tendencia a caer en las garras del trago (conoce de este y otros demonios y les ha sobrevivido) que un psicólogo refinado de empresa de alto nivel que se siente con derecho a descartar candidatos a un cargo porque no son bonitos y la ropa no se ve cara. En fin…esta vaina es de nunca acabar.
El todo es que si presencié tan particular fenómeno en una de las tantas facultades de psicología es porque el fenómeno también se presenta en las demás. Dicen por ahí que el que estudia psicología lo hace en gran parte para darle solución a sus propios enredos y yo estoy convencida de que esa vaina tiene mucho de cierto. Está claro que las que más estudian psicología son mujeres. Es decir que hay mucha vieja loca ejerciendo??!!
Conozco el caso de una vieja loca que le contestó así a su paciente quien le relató la situación de su matrimonio en crisis: “Agradezca que su marido no la trató como una perra”
Y hay terapeutas que tienen la desvergüenza de amañar parejas disparejas y disfuncionales y llevarlas a tomar la decisión de casarse.
Que peligro….
De modo que si usted considera que necesita ayuda profesional porque se le está aflojando una tuerca o porque simplemente está al borde de un colapso nervioso, le recomiendo que:
Queme todos los cartuchos primero: váyase a pasear, escríbase cartas a si mismo y llore hasta que le sepa a cacho, escríbale una carta macabra al cafre de su jefe o a su exmujer, haga ejercicio, compre una mascota, haga una quema de los malos recuerdos que tiene en la mesa de noche como si fuera un año viejo; métase a un curso de algo que le encante hacer sin importar que se sienta ridículo. Si le suena un baile exótico o el punto de cruz aunque solo vayan viejitas, hágale. Entre a Youtube y véase los videos del Show de Jorge Barón, Jimmy Salcedo o vea “el chino cochino el paisa gozón” también cortesía de Youtube. Reír ayuda cantidades.
Si el problema no mejora ni afloja con esto: Entonces si considere la ayuda de un psicólogo.
Tómese tiempo para encontrar una persona recomendada, es decir que verdaderamente le haya ayudado a superar efectivamente un asunto serio a algún conocido suyo, no una adicción al tabaco o la pérdida del perrito. Que sea una persona mayor porque de todos modos más sabe el diablo por viejo que por diablo, y además haciendo cuentas se graduó hace como 20 años cuando las universidades exigían y la gente era seria; muy probablemente también tenga especialización. Le aseguro que va a entender el problema durante los primeros 5 minutos de sesión y lo va a resolver rápido.
Yo me sumo al grupo peligroso porque aunque creo que hice las cosas con calidad y de corazón, tuve problemas:
En el área organizacional porque siempre hay un método a seguir que yo por alguna razón nunca se seguir y termino haciendo las vainas totalmente diferente a como un jefe las quiere y un jefe siempre asume que eso es rebeldía.
Tuve problemas en el área educativa porque los niños me hacen reír. Sobretodo cuando me los remitían para tener una charla sobre el respeto y veo que el chino fue suspendido por pintar en el cuaderno de una niña el escudo de Millonarios y escribir “para toda la hijueputa vida.” Miré al chino a la cara, el chino me miró, se me torció la jeta de la risa, al chino también y bajé la cara.
Tuve problemas en el área clínica porque los locos lo hacen a uno torcerse de la risa y eso no se puede hacer. No me había yo graduado cuando tuve un simulacro de entrevista en el que me tocaba hacer recolección de los datos del paciente y apenas dijo que se había caído en una alcantarilla y yo me imaginé la cosa, me tocó disimular con tos la risa. Llegué después a la Clinica Montserrat y vi un par de manes apropiados de una estrategia de ataque de los tiempos de la guerra de los mil días, hablando pestes de los cachiporros mientras yo ignoraba totalmente lo que decía el profesor y escuchaba con deleite esa locución.
Yo no se en qué momento se me arreglaron los trazos. Pinto desde hace rato porque me gusta y porque creo que lo hago bien, pero si uno ve las barbaridades que yo pintaba cuando chiquita creería que hoy en día pinto piñas, sagrados rostros, ultimas cenas y caballos de crines al viento.
Mis creaciones consistían en personas; varias en fila mirando de frente con los brazos completamente abiertos. Le pintaba a la gente unos ojos que no cabían en la cara con una cantidad de pestañas que parecían las cerdas de un cepillo. Nunca pude con las manos, me aburrían y entonces les pintaba cinco palitos para salir de eso.
A todo le ponía moños, naguas, folclor y maquillaje. Una vez me encontré un cuaderno de cuando yo estaba en Kinder; en una de las planas la profesora había puesto un sello con la figura de un caballo para que uno coloreara; y yo, asumiendo que era yegua, le pinté una faldita estilo tutú, le eché rojo en la boca y le puse un moño en la cabeza. Bajo las patas del equino puse pasto y una cantidad de bolitas de colores.
Todos los que hicimos planas sabemos que las profesoras dejaban un espacio en la parte de arriba del cuaderno para que uno dibujara algo relacionado con el tema de la plana. Un día me tocó copiar varias veces la frase “ese carro si camina”, y sin dudar de lo que la profesora decía ahí, pinté algo así como un Lada rojo con piernas en lugar de llantas…yo si que tenía talento para el arte kitsch; ese que se caracteriza por empanadas sonrientes y hamburguesas corriendo en los muros de algunos restaurantes.
Detesto el estilo que me caracterizó por tantos años. Le tenía miedo a pintar cosas faltas de lógica e hice el esfuerzo por ser lo más realista posible y no me quedaba bien el realismo porque me ponía popular. Mi punto de comparación eran los clásicos y sobre todo, ciertos cuadros religiosos. Yo creía que el día que pudiera pintar una Santa Cena como la de Da Vinci, ahí si iba a pintar bien.
Pero yo pintaba bigotes encima de la nariz; paisajes desérticos con un ocaso fosforescente, las dunas altísimas y un árabe con ruana debajo de una palmera igual de alta a una planta interior…y con cocos del tamaño de una pelota de baloncesto. Pintaba cosas como la sombra imposible de una sirena sentada sobre una piedra que era imposible que estuviera en alta mar, y aunque tampoco era viable, le metí palmeras con cocos.
Yo tenía problemas para poner atención porque me aburría en clase. Entonces me dedicaba a modificar las fotos y dibujos de los libros y a inventarle diálogos a la gente de las fotos; me gustaba el libro de ciencias dada la variedad de gráficas. Al inicio de una lección aparecía un tiburón blanco mostrando las filas de los salvajes dientes. Le eché corrector de ese blanco a los ojos redondos y oscuros, luego le pinté unas pupilas muy dilatadas, luminosas e inocentes, como de muñequito japonés que va a llorar; añadí pestañas crespas y largas, y le puse un collar de perro con taches puntiagudos que decía “Cuqui”.
Agarraba los anuarios y le aumentaba el peinado, le agachaba los ojos, le oscurecía los dientes, le deformaba el gesto a todos los que me caían mal. Me iba como un zapato en disciplina, siempre aparecía un número mediocre en todos los informes; los profesores ya me tenían mamada de estar diciendo que yo le hacía visita a todos los de al lado; me cambiaron de puesto y me rotaron por todas las esquinas del salón, cerca de los más uraños e introvertidos pero aún así no me di por vencida y les pervertí la disciplina. Me tiré quinto de primaria pero increíblemente me exoneraron por haberme ganado el concurso de tarjetas navideñas, por pintar “bonito” y hablar buen inglés. Qué tarjetas tan feas, ave maría! Cosas así solo las usa la familia de uno. Como era costumbre, volví a meter palmeras, cocos y montañas verdes en los desérticos paisajes bíblicos que exigía el tema.
El profesor de arte era el único que me dejaba hacer lo que se me daba la gana en clase y con buenos resultados. Fito jodía a todo el mundo, les bajaba la nota, los echaba de clase y hasta los remitía a mi puesto para pedir segunda opinión, cosa maravillosa del arte. Igualmente, me iba bien en música y no capaba ninguna presentación de teatro y danza, donde pudiera hacer despliegue de todo mi folclor. El arte es una juerga deliciosa donde uno en verdad es libre de hacer lo que quiera siempre y cuando lo haga bien. Yo para casi todo lo demás era mediocre y casi todo lo demás me parecía aburrido.
Toda la vida me fue necesario sacar un pedazo de papel en clase, o hacer uso de las últimas hojas del cuaderno para pintar, o tirarme los libros anotándoles conversaciones a los personajes de las fotos. Cuando la clase era demasiado plana y nadie opinaba nada, la pintadera tomaba otro rumbo. Empecé a hacerle la caricatura a mis compañeros y se las pasaba clandestinamente al de al lado a ver que hacía. A veces convulsionaban de la risa y así me hacía el rato en medio de la clase interminable. Me fui volviendo diestra en el arte de satirizar a la gente porque me quedaban igualitos.
Les decía a mis amigas: “Quiere ver como se vería usted y Lina si fueran hombres?” y al rato les alcanzaba un papel donde aparecían mis amigas, con la cara idéntica y un corte tipo “mota paisa”, corto adelante y medio largo atrás. Les ponía cuerpo de hombre barrigoncito, con cadena gruesa, en tanga de leopardo y chancletas de caucho. Otras veces recreaba en el papel la escena del matrimonio de mis amigas, al lado de un novio que usaba pantalón salta charco y corbata de Don Chinche, posando junto a una suculenta lechona gourmet y varios litros de refajo.
Cuando empecé bachillerato se jodieron todos los profesores porque siempre me tocaba el grupo que era casi una guerrilla, y era fácil amangualarse con cualquiera. Varios eran “artistas” que además de hacer caricaturas excepcionalmente grotescas, medio cubistas y terriblemente chistosas; tenían algo así como un códice oculto que manejaban en grupo y muy pocos podían acceder; era el portafolio de los artistas plásticos, es decir, un cuaderno grande donde pegaban mocos de todos los colores, texturas y tamaños, obras que además bautizaban con nombres como “la uva pasa” y “el exótico”. Al lado iba la firma del artista. Además se inspiraron armando un mural a base de recortes de revistas. Lo hicieron movidos por una conciencia social pero terminaron siendo fieles a la chabacanería que los distinguía de cualquier otro grupo. Le abrieron campo a la foto de Pablo Escobar portando el número y la cara de criminal. Como el capo se llamaba Pablo Emilio Escobar, le borraron el Escobar y le añadieron el apellido de Pablo Emilio, el gordo del curso.
Me pasaban dibujos de los zapatos del profesor, imitando los detalles del calzado que les parecía horrible. Dibujaban al profesor de religión con su camisa translucida a través de la cual se adivinaba el pelo en pecho y los pezones. Y me hacían reír hasta creer que me iba a enfermar, me dolía todo el torso; los profesores suspiraban, nos miraban con ganas de agarrarnos a palo mientras yo convulsionaba desesperadamente, escondiendo la cara que me dolía de la risa, a punto de sentir que se me salían las carcajadas hasta por los oídos.
Una vez el blanco fue el libro de inglés, particularmente una ilustración bonita de un anciano con una cara despreocupada y muy tierna, regando las matas con una manguera. A uno de los creativos le dio por transformar la manguera y darle un vuelco obsceno al dibujo. Vi la escena de lejos, notando la especial concentración del artista en torno a la manguera…uno empezaba a reírse solo y al rato se oía a la defensiva profesora: “Otra vez me va a tocar cambiarte de puesto???!!!”
La creatividad era desbordante y los artistas eran espantosos, terriblemente ordinarios y además con una percepción sumamente aguda de la que se valían para destrozar a cualquier desprevenido. Cuando se inspiraban, también sacaban las dotes de músicos con el locker. Hacían arreglos musicales de las canciones “house” que sonaban en pleno 1993. El vocalista emitía una voz que para nada hacía uso de falseto y que se parecía mucho al timbre de Totó la Momposina aporreando la letra en ingles de “Pump up the jam” mientras el resto de los percusionistas agarraba a golpes rítmicos el locker. El remix incluía un cover de “Hello Africa, tell me how you doing”, solo que la versión decía “Hello tapete” (así le decían al profesor de informática).Varios años más tarde, el cantante del pueblo se convirtió en músico serio y le va bastante bien.
Y curiosamente, en clase de música les tocaba ponerse serios porque si desafinaban sencillamente no tenían segunda oportunidad. La clase de música era de las pocas que amedrentaba, no se podía hacer trampa y si podía hacer que uno se tirara el año. Todo el mundo llevaba flauta, para asombro mío la hacían sonar medianamente bien y al unísono. Yo llegué nueva a ese colegio en 1991, acostumbrada a unas clases de música donde una profesora con acordeón y voz soprano de ducha escribía las letras de unas canciones muy pobres líricamente hablando, en su mayoría. Y mientras ella tocaba el acordeón uno cantaba “Yo me llamo cumbia” (hermosa pieza del folclor colombiano) con papará-parará-papará, aplauso y todo. Pero nada mas, ni una pincelada de historia o alguito de solfeo. Pero en este colegio el profesor, que era un músico mas dedicado solo decía “un-do-tré…” y la gente empezaba a pitar re- mi-do- si –la-sol etcétera mientras leían las notas en el tablero. Y el man no admitía mamaderas de gallo, era peor que el Fito de otrora.
Sin embargo con esta gente cuando no era a la salida era a la entrada. Salían corriendo a coger puesto en el salón de música y en el trayecto a pie se le hacían detrás a los hombres decentes del curso y deslizaban la flauta entre las piernas de los desconcertados caballeros hasta golpearles la entrepierna.
Eran malos para el dibujo técnico aunque serios y mejores que yo. Llevaban los formatos de cartulina, los borradores, el compás, las escuadras, y lápices; las planchas al día luciendo bocetos de arquitectura moderna, o bien la plana de la semana que demostrara que se supo hacer la maña de girar el compás hasta cierto punto y hacer un trazo con ambas escuadras y trasportador. Yo era pésima porque tras de que nunca llevaba formatos, el lápiz medía como 5 centímetros, y además todos los trazos los hacía al cálculo, claro está, ayudándome con las escuadras; y si se me olvidaba el compás me ayudaba con una tapa. Menos mal nunca me llamó la atención la arquitectura y al final de cuentas la profesora entendió que era mejor dejarme hacer dibujo libre con mi lápiz chiquito y mi retazo de borrador prestado.
En resumen, el que se unta de arte la pasa bueno. Por todo esto y aun los malos momentos en que me puse a llorar porque no me quedaba un cuadro como yo quería, le abono a estas 7 maravillas (dejando por fuera muchos desastres) el condimento de la vida, el tiempo mejor invertido, el recurso mejor usado, el espíritu más alegre. Les agradezco por no autorizar rutinas complicadas y por dejarme hacer lo que se me da la gana sanamente hablando.
Hablando de arte y cambiando de tema…fue una verdadera belleza sin omisión de detalle la inauguración de los juegos Olímpicos de Beijing. Hacía rato que algo no me descrestaba tanto, sobretodo esa chinamenta con sus tambores de luz. De todos modos me surgen tres observaciones: Numero uno, en Korea no saben peluquear a la gente. Por aquí me decían que ahí si que se puede hacer si ellos tienen la cabeza con forma de televisor. Numero dos, que George Bush en definitiva es un chino (chiquito). Y número tres, como es posible que la delegación del país anfitrión se vaya vestida como si fuera la delegación de Kokoriko?! Solo les faltaba la cachucha, carajo.